Las criaturas de la noche salen a diario cuando la oscuridad cae en la ciudad. El resto de gente dice que ellos son solo leyendas, historias fantásticas y de terror, pero yo se que son reales, muy reales. ¿Que por qué? Porque los he visto, en mi ventana, ellos me observan, esperan que haga algo, pero no se el que, aunque no os preocupéis, lo voy a descubrir, y vosotros vendréis conmigo, porque sois los únicos que me creéis, no como los demás, que me llaman Loco. Todo esto comenzó hace unas semanas, en una noche de treinta y uno de noviembre:
Eran las nueve de la noche, y hacía ya un rato que la oscuridad había caído en la ciudad de Hollowdead. Estaba sentado en la cama de mi habitación, de cara a la ventana, terminando de ponerme mi disfraz de vampiro, que llevaba usando casi toda mi vida. No sabía porqué, pero sentía especial amor y fascinación por aquellas increíbles criaturas. Terminé de colocarme los colmillos, y me puse en pie, dando la espalda, sin querer, a la criatura que acababa de aparecer en el cristal. Oí un quejido y me quedé quieto. Había sonado gutural y sobrenatural, un quejido surrealista propio de las películas de terror, así que miré a la tele, por si me la había dejado encendida, pero la pantalla estaba más negra que la oscuridad. Tragué saliva. Sería mi padre desde el jardín, gastando bromas, como cuando yo tenía seis años. Tenía que ser eso. Intenté dar un paso hacía la puerta, pero aquel quejido volvió, de forma más fuerte, coreado por el crujido de una rama. ¿Una rama? Había algo en la ventana. Sería un pájaro, una ardilla, una lagartija... no, no era eso. Había sonado como si la rama estuviese a punto de partirse por el peso, y ningún animal podía partir las ramas de aquel enorme pino europeo que había crecido junto a nuestra casa. Volví a tragar saliva, y me giré lentamente. Había algo, una sombra en la oscuridad, un contraste con la negrura de la noche, que estaba agazapada ahora sobre la repisa de la ventana. Solo podía distinguir unos ojos rojos y una sonrisa blanca, que sin duda iba dirigida a mi. Abrí los ojos como platos, asombrado, que no asustado, y di un paso hacía aquel ser.
--Hijo--sonó la voz de mi padre a mi espalda, y me giré a toda velocidad, con el corazón aun latiéndome a mil por hora.
--¿Has visto eso?--le contesté, dándome la vuelta de nuevo hacia la ventana, pero allí ya no había nada. Fruncí el ceño y abrí la boca para decir algo, pero no me salieron las palabras.
--¿Estas bien?--me preguntó, acercándose y mirándome a la cara, con gesto sombrío. Sacudió la cabeza y suspiro--vas a llegar tarde a la fiesta, Mikel y Andrew ya te están esperando en la puerta.
--Ah--fue mi única respuesta.
Mi padre salió de la habitación y volví a mirar al sitio donde antes había estado la criatura: la sombra volvía a estar allí, con esos ojos tétricos y aquella diabólica sonrisa. Pestañeé, me giré, y salí rápidamente por la puerta, cerrándola de un portazo. Al llegar a la entrada de casa, y ver amis amigos vestidos también de vampiros, me paré en seco. ¿Y si esa criatura quería matarme?
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